La geopolítica de la computación en la nube

Por Javier Surasky

 


Ya hemos hablado en un post anterior sobre la infraestructurafísica que sostiene el funcionamiento de la IA, y también vimos, al analizar la geopolítica de los datos, que sin datacenters, redes de alta capacidad y un suministro energético masivo y estable, la IA no puede entrenarse ni actuar a gran escala. En este nuevo blog vamos a ir hacia el elemento que hoy combina infraestructura y datos masivos: el cloud computing o computación en la nube.

Se trata de una arquitectura tecnológica que sostiene servicios esenciales del Estado, de la economía digital y el desarrollo y operación de sistemas avanzados de IA, integrando centros de datos hiperescala, redes de telecomunicaciones de alta capacidad, interconexión dedicada, servicios gestionados y el consumo intensivo de energía (Hu, 2015; International Energy Agency, 2025).

Esta centralidad hace necesario analizar al cloud computing como una infraestructura crítica global privatizada que produce poder estructural y genera dependencias de largo plazo. Desde esta perspectiva, la soberanía digital y la gobernanza de la IA entran en un nuevo campo de competencia por alcanzar capacidad efectiva para gestionar esas dependencias infraestructurales, que ya son parte del ecosistema digital (Bratton, 2015; BCG, 2025).

Comencemos por definir el cloud computing como una forma especializada de computación distribuida que introduce modelos de utilización para el aprovisionamiento remoto de recursos escalables, medidos y usualmente a través de Internet. De esta simple definición surgen sus cinco características principales:

·         Su utilización bajo demanda (on-demand usage), que implica que un usuario de la nube puede acceder a ella de forma unilateral para utilizarlos recursos que allí se encuentran (como capacidad de memoria, de cómputo, o datos) sin interacción humana adicional por parte del proveedor.

·         El acceso ubicuo (ubiquitous access) que es la capacidad amplia de acceso a los servicios en la nube, lo que facilita la colaboración y la movilidad de actores.

·         La elasticidad (elasticity), denominación que recibe la capacidad automatizada de una nube para aumentar o disminuir su capacidad según sea necesario, de acuerdo con las condiciones de tiempo de ejecución o configuraciones predefinidas, habilitando un aumento o disminución dinámico de la capacidad de uso de sus recursos.

·         El uso medido (measured usage), que surge de la capacidad de la tecnología de la nube para dar seguimiento al uso que cada usuario hace de ella, permitiendo al proveedor cobrar al consumidor solo de por los recursos realmente utilizados y de acuerdo con el tiempo durante el cual fueron utilizados (el “pago por uso”).

·         La puesta en común de recursos (resource pooling) por la que los proveedores agrupan grandes recursos tecnológicos en la nube y se valen de tecnologías de “tenencia compartida” (multitenancy) de estos para dar servicio a múltiples consumidores al mismo tiempo mediante la asignación y reasignación dinámica de recursos en línea con los cambios de demanda (NIST, 2011; Erl & Barceló Monroy, 2024).

Existen tres grandes modelos de servicios en la nube

(1) La “Infraestructura como servicio” (Infrastructure as a Service, IaaS) que ofrece recursos informáticos virtuales e infraestructura básica (servidores, almacenamiento y redes). Aquí el proveedor ofrece hardware, virtualización, servidores y networking.

(2) La “Plataforma como servicio” (Platform as a Service, PaaS) donde se pone a disposición del usuario un entorno "listo para usar" que le permite desarrollar, testear y desplegar aplicaciones. El proveedor ofrece la infraestructura que el usuario requiere (servidores, sistemas operativos, almacenamiento) y plataformas de condiciones preestablecidas para el desarrollo de sus actividades.

(3) El “software como servicio” (Software as a Service, SaaS) donde el proveedor ofrece un programa completo como un servicio compartido, accesible a través de Internet y el cliente gestiona su uso y la configuración de parámetros personales.

Una de las características propias de esta distribución del poder de computación y del uso de datos el a invisibilización de su materialidad: Hu (2015) nos mostraba hace ya más de una década que la “nube” no es una entidad etérea ni puramente técnica, sino el resultado de encadenamientos de decisiones políticas y militares. Compartimos la visión del autor al entender la metáfora de la “nube” no como reflejo de su “carácter etéreo” sino como referencia a un dispositivo cultural que oculta centros de datos, trabajo humano, consumo energético y redes físicas, dificultando su reconocimiento.

Como corolario de su manto de invisibilidad, la “nube” se presenta a sí misma como neutral, cuando en realidad lo que hace es ocultar de la vista múltiples relaciones de dependencia entre actores privados y públicos, como si al eliminar la materialidad de la infraestructura mágicamente desaparecieran también las asimetrías de poder visibles en sus formas corpóreas. Un gran truco de magia donde el naipe de la desigualdad tecnológica desaparece justo ante nuestra mirada.

Y con ello volvemos a un asunto al que ya nos hemos referido repetidamente en Global Radar Analytics: la desterritorialización de la vida internacional. La propia soberanía, pilar de la vida estatal, sobrepasa su extensión física y muta en una capacidad distribuida en capas, un orden que Bratton (2015) define como un stack estratificado, concepto en el que conviene detenerse un momento:

El modelo de Stack (pila) propuesto por Benjamín Bratton es una herramienta conceptual para comprender la forma en que la computación a escala planetaria, que incluye la infraestructura de la nube, ha transformado la geopolítica global. El autor nos dice que, a diferencia de los mapas tradicionales, la infraestructura tecnológica dibuja un mapa multicapa, vertical y estratificado. Así, el Stack “no es solamente una especie de sistema informático a escala planetaria; sino además una nueva arquitectura para la forma en que dividimos el mundo en espacios soberanos" (Bratton, 2015:7).

Según este autor, las capas que dan forma al sistema van desde soportes físicos hasta elementos puramente conceptuales: el planeta, origen de recursos y energía (capa Earth), la infraestructura de los centros de datos (capa cloud), el entorno urbano que combina infraestructura física, informacional y ecológica para establecer las formas concretas de acceso al espacio social (capa city), la sistematización a nivel granular que permite identificar y nombrar cualquier elemento físico o virtuales para incluirlo en los flujos de comunicación (capa address), las herramientas que utilizamos para interactuar con la red (capa interface) y las personas, programas y otras entidades que utilizan las funciones que crea el “apilamiento” (capa user).

Estas capas apiladas verticalmente son interdependientes, por lo que el modelo Stack opera como una herramienta para analizar cómo las nuevas tecnologías impactan sobre las formas que asume la soberanía, destacando que actores privados cumplen funciones “cuasi-soberanas” cuando definen las arquitecturas técnicas, estándares y condiciones de acceso a algunas de esas capas (Bratton, 2015).

Puesto en otras palabras, este modelo sugiere que el acceso a servicios cloud no equivale a la posesión de capacidades estratégicas de IA, sino que estas quedan en cabeza del propietario de la nube, quien también es afectado por restricciones de las capas “planeta” y “ciudad” (Hu, 2015; Bratton, 2015). La definición de la capa “dirección”, agregamos nosotros, es un llamado directo a que expertos de la comunicación se inserten en las disputas de poder propias del control de la IA.

Partiendo de esa mirada, verificamos rápidamente que el mercado global de servicios de infraestructura cloud está altamente concentrado en un número (muy) reducido de proveedores hiperescala (SRG, 2025), es decir los grandes proveedores globales que poseen una participación dominante en el mercado mundial de servicios de infraestructura en la nube como Amazon Web Services (AWS), Microsoft, Google, Meta, Oracle, IBM, y Alibaba), que levantan barreras de entrada al sector cada vez más duras. La dinámica de inversión refuerza este patrón de exclusión, ya que se ha creado un modelo de crecimiento sostenido y asimétrico del gasto de capital, es decir de la inversión empresarial en activos físicos de larga duración (SRG, 2024), lo que cristaliza la actual arquitectura del cloud.

A ello deben agregarse otros tres mecanismos que conducen a la hiperconcentración de la provisión de servicios en la nube, como son el mercado, basado en economías de escala y lock-in tecnológico, la distribución geográfica en nodos que condicionan latencia (velocidad), capacidad y resiliencia de las operaciones en la nube, y un mecanismo de control de servicios avanzados (seguridad de datos, identidad de los usuarios, etc.) difícil de replicar fuera de las pautas dominantes.

Como resultado de todo ello observamos una jerarquía entre proveedores de cloud computing relativamente estable que nadie parece decidido a “romper”, aunque ha habido algunos intentos de cambios que, hasta hoy al menos, no modifican el sistema descrito.

Los neoclouds, por ejemplo, operan en nichos específicos y suelen insertarse como capas complementarias dentro del ecosistema dominado por los proveedores hiperescala, sin pretender alterar el control sobre el sistema existente (SRC, 2025), y la fragmentación regulatoria puede modificar ciertas condiciones de operación, pero no modificar los patrones de inversión que sostienen la concentración.

De todo ello nace un riesgo sistémico: bases de datos de incidentes, como CIRAS, muestran la recurrencia sostenida de fallos asociados a dependencias de terceros en el acceso a poder de cómputo y a los altos niveles de interconexión que se han logrado en materia de infraestructuras, lo que resulta en un ecosistema computacional susceptible a efectos en cascada (CIRAS, 2024; CRP, 2023). Como refuerzo de esta advertencia, el Cloud Reassurance Project advierte que, aunque no se haya materializado un colapso generalizado, la combinación de dependencia común, complejidad técnica y opacidad operativa justifica un enfoque preventivo desde la política pública (CRP, 2023) mientras que ENISA (2024) documenta incidentes significativos asociados a fallos de sistema por motivos técnicos, humanos o de dependencia de terceros (ENISA, 2024). Choi et al. (2024) muestran que errores aparentemente menores pueden escalar y afectar funciones esenciales del Estado (salud, educación, seguridad, provisión de agua y energía a las personas, etc.).

Como es esperable, los niveles de concentración e interdependencia alcanzados en “la nube” generan una cartografía de desigualdades. Conforme lo señala TeleGeography (2024) los nodos de interconexión y la conectividad de alta capacidad se concentran en América del Norte, Europa y Asia Oriental, mientras que África, América Latina y otras regiones conforman una zona de periferia global de la nube, en una nueva expresión de la brecha digital. La dirección del negocio de la provisión de servicios en la nube está priorizando la densificación de nodos existentes por sobre su ampliación a nuevas zonas, proyectando esta desigualdad en el tiempo y sugiriendo que se ampliará aún más (TeleGeography, 2024). En este sentido, el cloud conecta territorios y con ello selecciona y cristaliza capacidades basadas en intereses de lógica empresarial.

En consecuencia, la postergación digital que sufren, en general, los países del Sur no es una fase transitoria de atraso, sino un efecto estructural de la arquitectura global del cloud computing, que solo se vuelve hacia ellos cuando se trata de solucionar problemas en la capa inferior del Stack: la apropiación de recursos naturales y energéticos, en una primarización económica 2.0 del mundo subdesarrollado.

Aquí aparece un fenómeno interesante y, en parte, contradictorio, ya que múltiples informes señalan que ejecutar aplicaciones en la nube requiere entre un 60 y un 90%menos de energía que la que consumen centros de locales de datos (451 Research, 2019; Microsoft, 2020; S&P Global Market Intelligence, 2021; Zheng and Bohacek, 2022, Alibaba, 2025), pero al mismo tiempo se muestra que el mayor daño ambiental que produce la demanda de servicios basados en la nube se encuentra en los centros de datos, que son “la columna vertebral del mundo digital” (UNCTAD, 2024:v)

Como siempre, existen países subdesarrollados y economías emergentes con mayor margen de maniobra, pero lo novedoso en este campo es que solo pueden aplicar sus herramientas a nivel territorial, utilizando la concepción tradicional de soberanía sobre el propio territorio, cuando, como explicamos antes, las disputas tienen lugar dentro de un marco de soberanías desterritorializadas que les trazan limites a las capacidades de acción de los Estados.

Esto que afirmamos se deja ver con total claridad en la “reprimarización económica 2.0”, ya que el crecimiento del consumo eléctrico asociado a centros de datos y a la IA en general crea tensiones ambientales locales (IEA 2025) en países de desarrollo medio y bajo, que no generan como compensación una apropiación proporcional por el Estado del valor generado por sus pérdidas: en otras palabras, la desterritorialización de la soberanía lleva a estados subdesarrollados a querer responder desde la soberanía territorial, y esto produce un reprimarización económica 2.0 que a su vez deriva en un “intercambio desigual 2.0” (ver Arghiri et al, 1980) o, en el peor de los casos, en prácticas coloniales apenas disfrazadas.

En respuesta, los Estados. Independientemente de su nivel de progreso digital, han comenzado a establecer estrategias nacionales de seguridad cloud, buscando desplazar el problema desde el nivel organizacional hacia el nacional. Su respuesta, sin embargo, sigue atada a reglas de juego que están más allá de su control: vemos nacer las llamadas “nubes soberanas” (sovereign clouds), cuyo fin es “garantizar que la información sensible se mantenga dentro de la jurisdicción del país cuyos datos están en la red [que] se construyen en torno a la soberanía tecnológica y operativa en el país anfitrión de la red y aísla los datos de los conflictos geopolíticos y de las interrupciones de las redes de nube globales. Y quizás lo más importante, su propósito es garantizar que los activos digitales de una nación se controlen localmente en un entorno estable y seguro para datos nacionales críticos y estén protegidos contra enredos legales internacionales" (BCG, 2025:2).

Estas nubes soberanas son, de hecho, instrumentos de gestión de riesgo mediante un mayor control estatal sobre datos e infraestructura, pero deben competir con los proveedores hiperescala en las condiciones tecnológicas que ellos han impuesto: la agencia estatal no desaparece, pero sus márgenes de acción quedan acotados.

Frente a todo esto, podemos afirmar que la computación en la nube da forma a un régimen estructural que distribuye de manera desigual capacidades críticas para la IA y la economía digital, estableciendo jerarquías relativamente estables en el sistema internacional y desplazando capacidades soberanas digitales desde el Estado hacia grandes actores del sector privado, dando como resultado niveles disímiles de dependencia en el sistema internacional, donde los más vulnerables son los más afectados

Gobernar algoritmos y datos sin gobernar la infraestructura digital que los contiene y les da operatividad implica una gobernanza de la IA incompleta, pero incorporar las tecnologías en la nube requiere reconocer su materialidad y enfrentar grandes intereses privados.

En una comedia clásica escrita por Aristófanes, titulada justamente La Nube, el autor critica a Sócrates por afirmar que las nubes eran origen de la lluvia, del trueno y del relámpago, desposeyendo a los dioses de esos atributos. Era una nueva forma de ver el mundo, despojado de deidades, en la que Aristófanes veía solo corrupción moral. Su comedia se mofa de que las nubes puedan siquiera intentar reemplazar a los dioses. Siglos después, el avance tecnológico digital parece darle, una vez más, la razón a Sócrates.

 

Referencias

451 Research (2019). The carbon reduction opportunity of moving to Amazon Web Services. Black & White Paper. https://d39w7f4ix9f5s9.cloudfront.net/e3/79/42bf75c94c279c67d777f002051f/carbon-reduction-opportunity-of-moving-to-aws.pdf

Alibaba (2025). Driving Sustainability with AI. Alibaba Cloud. https://alizila.oss-us-west-1.aliyuncs.com/uploads/2025/05/Alibaba-Cloud-whitepaper_Driving-Sustainablity-with-AI-new.pdf

ARG (Synergy Research Group) (2025). Cloud market share trends. https://www.srgresearch.com/articles/cloud-market-share-trends-big-three-together-hold-63-while-oracle-and-the-neoclouds-inch-higher

Arghiri, E.; Betterlheim, C; Amin, S. y Palloix, C. (1980). Imperialismo y comercio internacional (el intercambio Desigual). Siglo XXI editores. https://www.marxists.org/espanol/tematica/cuadernos-pyp/Cuadernos-PyP-24.pdf

BCG (Boston Consulting Group) (2025). Sovereign clouds are reshaping national data security. https://www.bcg.com/publications/2025/sovereign-clouds-reshaping-national-data-security

Bratton, B. H. (2015). The stack: On software and sovereignty. MIT Press.

Choi, G.-Y., Seo, J., & Kwon, H.-Y. (2024). A comparative study of national cloud security strategy and governance. Proceedings of the 25th Annual International Conference on Digital Government Research. ACM. https://dl.acm.org/doi/pdf/10.1145/3657054.3657085

CIRAS (2024). Incident reporting database. https://ciras.enisa.europa.eu/ciras-public

CRP (Cloud Reassurance Project) (2023). Interim report. Carnegie Endowment for International Peace. https://carnegieendowment.org/research/2023/06/cloud-reassurance-project-interim-report?lang=en

ENISA (2024). Telecom security incidents report 2024. European Union Agency for Cybersecurity. https://www.enisa.europa.eu/sites/default/files/2025-07/ENISA_Telecom_Security_Incidents_2024_en_1.pdf

Erl, T., & Barceló Monroy, E. (2024). Cloud Computing: Concepts, Technology, Security & Architecture (2nd ed.). Pearson Education.

Hu, T.-H. (2015). A prehistory of the cloud. MIT Press.

IEA (International Energy Agency) (2025). Energy and AI. https://iea.blob.core.windows.net/assets/601eaec9-ba91-4623-819b-4ded331ec9e8/EnergyandAI.pdf

Microsoft (2020). The carbon benefits of cloud computing. A study on the Microsoft Cloud in partnership with WSP. https://www.microsoft.com/en-us/download/details.aspx?id=56950

NIST (National Institute of Standards and Technology NIST) (2011). The NIST Definition of Cloud Computing. https://nvlpubs.nist.gov/nistpubs/legacy/sp/nistspecialpublication800-145.pdf

S&P Global Market Intelligence (2021): Saving Energy in Europe by Using Amazon Web Services. https://assets.aboutamazon.com/7a/66/e16e8fbd4e46b02348a39f7315b1/11061-aws-451research-advisory-bw-cloudefficiency-eu-2021-r5.pdf

SRG (Synergy Research Group) (2024). Justifying the explosive growth in hyperscale CAPEX. https://www.srgresearch.com/articles/justifying-the-explosive-growth-in-hyperscale-capex

TeleGeography. (2024). Cloud and WAN infrastructure: Executive summary. TeleGeography Research.

Zheng, Y., & Bohacek, S. (2022). Energy savings when migrating workloads to the cloud. https://arxiv.org/abs/2208.06976